Es como el día después del cumpleaños, como el día después de que volviste de las vacaciones.
Algunos dirán ¡qué bueno!, otros pensarán: qué bajón; y por último, algunos callarán frente al comentario. Los primeros de la lista seguro que no son gente que anda pergeñando festejos. Y los terceros, qué decir, esos no sé si son sabios, pero al menos se la dan.
Cuando el carrito baja de las alturas y vueltas peligrosas, la montaña rusa ha sido superada, entonces, en un silencio sepulcral uno decide si se compra otro boleto o se manduca un pancho.
Mientras, se puede adiestrar el propio narcisismo adoptando un gato para decirle: "¡Sos taaan inteligente!"
Pienso en gente lejana y entristezco. A veces por sentirme parte de nada. Otras por saberme tan poco única.
Ajajá, y aquí vienen los sabios a callarse, otra vez.
Entonces, para que nadie me moleste, hago un bollito de papel con todo esto y apunto al cesto.
Y no emboco.


