26.8.08

Dear McKenna:

Le escribo porque aún faltan tres noches y quisiera saber si usted podría facilitarme un truco contra el miedo a los ladrones. Lo padezco de noche, ahora que estoy sola. No puedo dejar de escuchar pequeños ruidos y pensar que son una ventana que se abre sigilosamente, pasos que revisan la casa, un merodeador acechante. Por momentos me parece que puedo superarlo, pero en cierto lugar de la noche me vuelve a atacar esa preocupación inconfesable. Últimamente he empezado a pensar: "Y bueno, si me matan que me maten". Y así cierro los ojos por unos instantes, para reencontrarme minutos después procesando sombras y movimientos. Yo no tengo la culpa de que de niña me hablaran tanto del sátiro de Villa del Parque, o de que mi casa tuviera una planta alta tan oscura. Quisiera apretar mi dedo pulgar contra el índice y decir: ¡Me siento bárbaro! He considerado la opción de un robot humano que me preste el servicio de acompañante, pero llegué a la conclusión de que lo no humano tiene sólo características siniestras. Y créame que no necesito nada más con ese tipo de cualidades. Por otra parte, con respecto a lo de los peldaños imaginarios: subir, subo bien, ahora cuando bajo me voy tropezando. Espero ansiosamente su respuesta, SP

2 comentarios:

Flor dijo...

Eeeh, perdón si mi pregunta es medio indiscreta pero ¿y su señor marido dónde corno está cuando a usted le agarran los ataques de pánico?

SP dijo...

¡Me dejó por loca (mr loco)!!
Nah, estaba de viaje, nomás. Por suerte ya volvió, ¡¡¡sus ronquidos me protegen!!!