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26.8.10

Después de la fiesta

Hay tristeza y una silla
nos sobrevuela el aire que es solo aire
No hay explicaciones
ni se caen los jarrones del estante

El día amaneció así
tan seco a pesar de las humedades
del sexo, de las bocas llenas, del vino en las copas
La noche no tiene secretos, llega
cuando una mano imposible apaga el velador

No hay tristeza: esto es así.
Pero hay una silla.


20.4.10

Desmitificamos: no existe el gel antibacterial

Rodeados de esta realidad de cotillón, de cotillón blandito, expansivo, tóxico, no tóxico, blanco, barato que vivimos, se dificulta respirar.

Pasa alguien y te tira una dictadura por la cabeza, sin pensarlo. Otro, ya que está, te revolea un chávez. Y uno que anda así, tan desprevenido, sin paragüas, sin juan salvador zizek para despeinarse la verdad de los pelos...

El venezolano, habiendo perdido toda consistencia, gracias al ir y venir de las palabras de las personas que lo masticaron como vacas, te chorrea como huevo podrido, se te pegotea insalvablemente, insoluble. Una servilleta podría servir para secarse, pero resulta que todas las servilletas del mundo están siendo escritas a la vez en algunos bares de Recoleta, Puerto Madero o Las Cañitas, pasando de mano a mano, invisibles y putrefactas.

17.9.09

Seguí derecho por esta avenida



Hombres que alargan su pene
hasta un km.

Mujeres que pelan berenjenas
reblandecidas.

Hombres que miran fútbol
al borde de la muerte.

Mujeres que se deprimen mientras
dan la mamadera.