Desde que la conocí estoy horrorizado: ¿cómo es que un cuerpo se acerca a otro cuerpo?
Su presencia pequeña y redonda en la habitación me punza por dentro.
Ya no soy dueño de lo que me sucede. Como un adolescente lanzo vociferaciones impensadas. Tiemblo en latigazos ante la posibilidad de un roce suave.
No puedo, no tengo dónde esconder mi cuerpo afectado. Los otros me observan y leen este fuego desproporcionado, incorrecto.
Ella, en cambio, dobla su mirada para esquivar la mía. Y cuando por fin me mira, temo encontrarla. Mantengo mi visión recta, distante.
A veces no puedo tolerar esos ojos que me atraviesan la garganta, la boca, el cuerpo. ¿Sentirá ella el calor de mis labios? ¿Vibra acaso al contacto de mis manos?
No quiero tocarla y que sepa.
Aún no.
Quiero esperar un tiempo, hasta que sepa cómo colocar mis labios en su beso.
2 comentarios:
muy bueno.
me hizo acordar de una parte de On the road.... Acá está. Y cito al gran Kerouac: "...en mi locura, estuve enamorado de ella todas las horas que duró aquello; tuve los inconfundibles síntomas: la angustia, los suspiros, el dolor, y por encima de todo la resistencia a acercarme a ella..."
que lindo che!
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