Un asado en el campus es la excusa. Ella va expectante.
Él es el encargado de coordinar las actividades. Arma los juegos, digita las reflexiones. Padece todo el día pegado al papeleo del cronograma y como tiene al cura rector pisándole los talones, se dedica a ser el docente ejemplar que todo instituto quiere: elegante, dicharachero, de excelente oratoria y amable con las señoras ancianas.
Cuando cae la tarde, y todos se dedican a tomar mate en las lejanías, él la verá pasar y le chistará. Ya no hay monos en la costa.
Ella estará algo resentida por su falta de interés reciente, y dirá que el encuentro le resultó aburrido. Él, herido en su orgullo, aplicará un castigo más fuerte: se pondrá a elogiar a esa preceptora soltera, que se hace claritos en el pelo, y que todas saben que está desesperada por casarse. Nuestra alumna, desilusionada, fruncirá los labios y se alejará, pensando que para siempre.
Sin embargo, a la vuelta, en el micro, se sentarán juntos y harán silenciosamente las paces.
2 comentarios:
me viene gustando el desarrollo de esta cuestión.... hasta ahora el profe es calcado a todos los que he conocido en tal situación.... ¿será casual o será que asi debe ser?
un beso desde hace mucho tiempo
No me asombra que en un transporte que se hace llamar "micro" las sensaciones parezcan de una magnitud mayor.
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