8.1.09

/-H

...Uno no viene sabiendo, uno busca, como busca Elena. Busca, aunque no sepa qué busca. El deseo es lo más perdido de todo. Un motor que se escucha a lo lejos, pero nunca se ubica. Cómo reparar sus problemas, si nunca podemos meterle mano.

Elena. Helena. De Troya. Como el caballo de Troya: algo oculta tu cuerpo. Hay una trampa en tu tristeza, en tus quejas.

¿Qué busca Elena? ¿Invadir, tomar una ciudad? ¿Acaso es la causa de una guerra desproporcionada, de desgracias evitables? Helena se deja robar, se deja llevar sin pensar en mayúsculas. Helena es traidora de unos desconocidos. Mueren por ella, sin saberla. Helena, cuánto mal has causado por ser causa del deseo.


Elena es una vieja que vive en Entre Ríos, viuda, no ha vuelto a casarse. El fantasma de su esposo volvió un día y hablaron. Ella le dijo que era un borracho, él le dijo que lo lamentaba. Elena impuso su ley aún en el más allá. El fantasma no volvió, pero ella no necesitaba quién la atormente.


Elena se ríe de los ardores de las jóvenes parejas. Disfruta los quiebres, los fracasos de la muchachitas de veintitreinta. Disfruta que tampoco ellas logren nada. Un marido borracho es tanto mejor que la soltería de una solterona. Ser viuda es mejor que andar mostrando la hilacha en los boliches senior.


Elena, en verano, pone el ventilador a todo lo que da. Enciende un antimosquitos, cocina guiso de fideos y recibe parientes que vienen a remojarse en el río.

Es de lo más simpática con los hijos adolescentes varones, a las nenas les augura un penoso destino.

Elena nunca más tuvo novio porque Helena. Helena es la destrucción, la masacre de los inocentes.

1 comentario:

Principito dijo...

Ma mató la alegoría con el motor en el primer párrafo. Poderoso post.