El hombre levantó la cabeza cuando entré a su oficina. Por allá lejos, un jefe. Me di cuenta de que eso se interpondría entre nosotros. No me dijo más que ese movimiento de sus ojos hasta que se volvieron a agachar sobre el papel.
Yo hice lo que tenía que hacer y me marché. Pude sentir en mi espalda un grito mudo que se me clavaba, una cierta desesperación cobarde que latía desde su silla incómoda.
Pero salí a la calle. Encerrada en mi tapado, imaginé que otro enamorado más valiente, hubiera salido a perseguirme. Encendí un cigarrillo. Después de todo, mis ilusiones tienden ser verosímiles pero nunca verdaderas.
3 comentarios:
uy! me hiciste pensar, chica...
¿las ilusiones pueden ser verdaderas? ¿o sólo verosímiles?
lo bueno de una ilusión qe no llega a cumplirse es qeu tampoco te desilusiona...
(Dolina´s copyright)
besitos miles
Te mando un conejo blanco con una oreja con puntita negra.
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