24.10.06
Relatividades de besarse con un profesor
Quizás no quiere abrir el juego, porque ya conoce las idas y vueltas de la seducción. Primero es una charla en algún pasillo, luego, es un café en el bar de la esquina, con varios alumnos; otro día será unas cervezas entre muchas risas, hasta que se hace de madrugada.
Sorprendentemente, todos se van yendo, menos ella. Luego de adquirir una pasmosa borrachera, se camina -zigzagueante- por alguna calle entre anécdotas y confesiones. Al final, se espera en la parada del colectivo, con los ojos fijos en los ojos del otro.
Quizás haya una caricia oculta, algún roce secreto de las manos. Ella emprenderá el regreso a casa con la seguridad de que ahí algo pasa y una sonrisa enorme.
Es posible que durante varios días él la evite. Y si la ve, sea escueto. Como si se hubiera arrepentido de haber abierto esa puerta.
Hasta que una noche, en una de esas salidas grupales sin sentido, se encontrarán en una fiesta, bailarán mucho, tomarán más, y finalmente (¡por fin!), van a besarse, y a terminar enredados en unas sábanas pardas. Toda la casa revuelta. Ella, con el maquillaje corrido y aliento ácido; él, durmiendo despatarrado, con un hilo de baba que cae sobre la almohada.
Y después ¿qué?
Vendrán días de mirarse, de presentir llamados. De sentirse desilusionados. Quizás haya complicidades y encuentros furtivos por los pasillos.
Todo esto sucederá en primavera. Luego ella pasará de año, y vendrá el verano, trayendo grandes cantidades de olvido.
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2 comentarios:
Serie de posts inspirada en un sueño que me contó Adrián.
Gracias, mamor. Prometo no besuquearme con ningún erudito.
&:o**
buenísimos...
y la vida es sueño a veces ;)
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