-Hice todo mal, todo mal.
-Hola princesa... cómo le va?
-CAZADOR???
-El mismo. Qué tal pasó la noche?
-...
-Qué le pasa que tiene esa cara? Está enojada?
-Enferma.
-Disculpemé si me tuve que ir, es que la vida del cazador es dura...
-...
-Hagamos las paces...
-Váyase.
-Princesa estúpida...
-Cómo dijo???
-Nada
-Seguiré sola, mejor sola que...
-Como quiera, al cabo que yo ya estaba cansado de su compañía, ¡ciega!
-Oh! (indignada)
...
La Princesa siguió su camino, triste muy triste, hasta que otra voz la llamó:
-Ey! Usted! la de vestido largo!
-Quién me habla?
-Yo!
-Y quién es yo!
-Mandrake
-Oh! el mago Mandrake?
-No, un Mandrake cero mágico.
-Ah!
-Usted quién es?
-Hada de Octubre, voy a ver a La Bruja, pero no deseo compañía...
-Yo tampoco pensaba acompañarla... jeje
-Y entonces qué desea?
-Se rumorea que va a dejar de ser hada, entonces, quería preguntarle si ya que está tan decidida, no me regala su varita.
-Y por qué habría de hacerlo?
-Y por qué no? Para qué la quiere? No sea egoista!
-No soy egoista, pero me parece que no corresponde.
-Deeeele
-Y para qué la quiere?
-Para ponerla de adorno en mi casa, como souvenir del bosque mágico.
-Mmm
-Vamos!
-Mmm
-No dude! No dude más!- y la toma de las manos para agarrar la varita mágica.
-Aléjese! No se la daré!
-Vamos! Para qué la quiere! No sea egoista! Al final las hadas son unos seres malísimos. Usted no quiere darme algo que no le sirve para nada. Aparte, si usted después la necesita, yo se la presto. Yo no soy egoista. Aparte, para que vea que soy bueno y dadivoso -no como usted- le doy también este librito de hechizos que me encontré por ahí. Y si necesita hacer magia, bueno, lee el librito y pum! listo! Problemas arreglados...
-Usted no se merece tener una varita mágica. Ni siquiera está cerca de lo mágico...
-Otra vez! Usted siempre es así de poco simpática? No es cuestión de merecimientos, es cuestión de pedir lo que uno quiere, y yo quiero tener una varita mágica. Ya tengo gorros de duendes y coronitas de elfos, ahora quiero varita mágica de hada. Ah, también conseguí el aliento de un ogro, lo tengo guardado en un frasco. Y un pitufo me donó un poco de sangre azul. Sólo me falta su varita! Colabore! Cumpla mi deseo! Usted es un hada!
El Hada se quedó pensativa. Entonces él tomó la varita, y la ella no atinó a decirle nada.
Mandrake se fue corriendo mientras decía: gracias! gracias!
La Princesa no entendió mucho lo que pasaba, pero en fin, se conformó con que le haya dejado el librito de hechizos... lástima que no podía ver nada...
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