12.5.05

Los árboles no abrazan

-Cazador: ¿ya está por anochecer? Porque entonces sería bueno acampar...
-No, no hace falta que te preocupes, yo soy un hombre acostumbrado al bosque, y te voy a guiar bien.
-Gracias, Cazador, me siento segura a tu lado.

...

Y se hizo la noche.

...

-Cazador, tengo frío. Es como si la humedad del rocío de la noche se me estuviera calando en los huesos. No será hora de acampar? Aparte tengo hambre...
-...
-Cazador?

La Princesa le hablaba a los árboles. Nadie más estaba por allí.
Se sentó en la tierra húmeda, tiritando de frío y sintiéndose algo afiebrada. Quizás la lastimadura de la mano no estaba del todo bien... ¿Dónde habría ido el cazador? Ella le había tenido tanta confianza! Tal vez había ido a cazar algo para la cena, y ya volvería a prender el fuego y cocinar... Pero las horas pasaron, y pasaron y él no regresó.

Hada de Octubre se puso a llorar. Se sentía realmente muy mal, débil, enferma y desilusionada.
Y sobre todo con mucho miedo y con mucho frío. No sabía ya en qué posición ponerse para estar más cómoda. Escalofríos la apuñalaban una y otra vez por la espalda. Cada segundo era un tormento. Luchaba por quedarse dormida y no sentir, pero no podía. Finalmente, cuando amanecía, el cansancio la venció.

Cuando despertó tenía un ánimo terrible. El pecho totalmente tomado por el enfriamiento, la mano cortada que le ardía y se sentía hinchada y llena de sangre, el vacío en el estómago que le daba ganas de vomitar.

Se levantó de su lugar -enojada-, y dio unos pasos.

-Nunca nunca nunca vuelvas a creer en nadie!!- se gritó fuerte, como para escucharse.

Y se quedó un rato parada y sola, como si esperara a alguien.

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