6.5.05

El gato y el ratón (El oficio de ser Cazador)

Sintió unas palmaditas aleteándole en la cara. Un fino aire que se esforzaba por hacerse fuerte pero no podía. Cuando abrió los ojos, vio a Pinch pegándole con sus mini manos de tela rellenas de algodón. Le daba cachetadas. Le dijo:
-Despertate de una vez!
-mmsi, si, ya está- y estiró los brazos para desperezarse.
-No tenés que confiar en ese cazador, no ves que se aprovecha?
-mmmmhmmmmmmaaammmmmmammmmmmmmmmamamma- bostezó el hada estirándose como un gato.
-El cazador no te quiere bien.
-mmm el cazador es amable y me acompañó para cuidarme. Aparte el caballero no estaba, se había ido por ahí para ahhhhhhhmmmmm bueh, no sé a qué se fue, seguramente a buscar comida o algo así.
-No no no
-Sí sí sí
-Yo sé de lo que hablo.
-...

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La Princesa retomó su vida como un día cualquiera. En el pasillo de algún lugar muy transitado se encontró con él, con sus ojos bajos y ovalados. Cuando subía la mirada, ya nada se le resistía. Sin embargo ese hombre bello -definitivamente- no era un hombre claro.

Cuántas veces Hada había sucumbido a sus encantos! Cuántas idas y vueltas para nada! Una y otra vez recomenzaban el mismo juego, la misma parodia del gato y del ratón. El decía que la llamaría y ella lo llamaba. El decía que la quería y ella lo adoraba.

Lo vió y -por primera vez-, sintió el peligro de verlo.
Cuando se enfrentaron ella aprovechó una excusa para marcharse rápido (huía).
Y él, enarboló su voz, y la llamó a través de los pasos que ya había dado, asiéndola desde lejos como un vaquero y su lazo. Y le hizo un gesto de te llamo, hablamos.

Hada de octubre se dio vuelta y al mirarlo, sintió de pronto su mano herida y sangrante.

-Has vuelto, cazador, pero ya no te temo.

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