La verdad fue que la Princesa se despertó aquella mañana y se dio cuenta de que todo lo acontecido acerca de la noche obscura, el caballero y la ceguera, todo, había sido un sueño. Un poco se reconfortó. Pero le hubiera gustado seguir soñando para ver como terminaba la historia.
Ese día, sin embargo, hizo sus cosas con tranquilidad, y por la tarde se compró una muñeca de trapo a la que llamó Pinch, que -como todo el mundo sabe- es un nombre de hada.
Pinch (ya la conocerán) tiene el pelo turquesa, pantalones azules y remera naranja. Es muy bonita y de patas bien largas. A veces Hada de Octubre la lleva consigo en la mochila, por si siente necesidad de preguntarle algo. Pero casi siempre se lo pregunta por noche. Le dice:
-Pinch, mañana ¿qué hago?
Y Pinch responde:
-Sólo lo más sencillo y divertido.
Y así.
Cuando una noche, la Princesa volvió a quedarse dormida, volvió al bosque, sin recordar que en la vida diurna, había despertado de aquel sueño.
(Ésto es para que quienes lean ésto, no crean que quien lo escribe está totalmente loca y cree en bosques encantados, y demases). (Aunque las Hadas ya la están convenciendo de creer definitivamente en su existencia).
Prosigamos...
En el bosque muy tranquila, se despierta cuando el sol de la tarde ya bajaba. El Caballero estaba por ahí, jugando a ser caballero andante sin caballo. Hada se despertó de buen humor, y le dijo, a lo lejos:
-Caballero: ¿sabés usar la espada?
El Caballero se sorprendió gratamente con que la Princesa le hablara y más aún con tener un espacio en donde demostrar sus habilidades. Vino hacia ella y desenvainó la espada. La espada brillaba con un brillo naranja, debido a la luz del atardecer (pero la Princesa no lo podía ver, claro).
-Seguro, ¡mira!
-No veo, Caballero, ¿Ya lo has olvidado? Tu afán de demostrarte hábil te hace olvidar la realidad. Aún así, aunque no veo, puedo sentir el ruido del aire cuando la espada lo corta. Haz tu demostración.
El caballero entonces, se puso a clavar y apuñalar la nada. Giros de esgrima, sangre invisible... y de repente... ¡paf!
-Qué fue eso, Caballero?
-Nada, nada.
-Qué fue ese "paf"?
-Nada Princesa, nada. Mejor sigamos camino un rato más. Aquí no es buen sitio para pasar la noche y acampar.
La Princesa se incorporó y empezó a caminar, no sin antes preguntarle solemnemente a su muñeca hacia dónde debería dirigirse.
-Deja que el caballero te guíe esta vez- dijo Pinch.
-Caballero!- llamó el Hada.
-Sí, sí, ahí voy, ya voy...- dijo él al tiempo que terminaba de desenterrar su espada, que en una mala maniobra había ido a parar a 5 metros de distancia.
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