El bosque de repente ya no fue bosque sino lodazal. Costaba desplazarse en el silencio de esa noche. El caballero se fue quién sabe a donde. La Princesa tenía mucho miedo, caminaba sin dirección.
-Pinch, dónde vamos?
-Al laverrap no, y al ciclo tampoco...
-No no no- la interrupió -ahora, digo. A dónde voy a h o r a?
-Ahora lo único que queda es salir de este lugar tenebroso.
-Por dónde?
-Sólo caminá, la mayor parte de las veces sólo salimos a la luz por casualidad.
Retomó por el fango, con el alma chiquita, contrita, temblorosa. Cada paso era un esfuerzo descomunal. Y cada movimiento de su respiracion quizás era el último. Qué arduo camino... ¿cuándo acabará? Salir vivos del Bosque es un milagro.
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La Princesa despertó sobresaltada: un nuevo sueño. Encendió la luz, miró la hora, miro a Pinch, su muñeca al lado de la cama. Y luego, tras respirar hondo y apagar la luz, se volvió a tapar.
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